|
La presencia del hombre en la Comarca del Rió Mula tiene su más antigua constatación en la Cueva de Antón, con restos del Paleolítico Medio, seguido en importancia por el yacimiento de la Cueva del Búho, datado en el Magdaleniense Medio. Muy interesantes fueron los fragmentos de cerámica cardial neolítica, hoy en el Museo Arqueológico de Murcia, hallados en el Hondo de Cajitán en una etapa todavía muy desconocida para los estudiosos. Sin embargo del Eneolítico el territorio ofrece abundantes rastros, debido a la mayor explotación de los recursos y un progresivo aumento de la población. Las estaciones se localizan en zonas montañosas y cercanas a corrientes fluviales, siendo un ejemplo el abrigo del Milano, que alberga enterramientos y pinturas rupestres naturalistas con escenas de caza. La cultura argárica es la mejor representada con yacimientos como los del Cabezo de la Plata, Castillo de La Puebla, Cabezo Inés, la Almoloya y el Cabecico de los Tesoros. El mundo ibérico tiene como exponente paradigmático El Cigarralejo, compuesto por poblado, necrópolis y santuario. Fue descubierto en los años cuarenta por Emeterio Cuadrado, y en sucesivas campañas se extrajeron cientos de materiales, reuniéndose la mejor colección de cerámica y armamento ibérico existente en el mundo, hoy expuesta en el Museo Monográfico del Cigarralejo de Mula. Villaricos De los siglos romanos se conocen varias villae diseminadas por los campos de la Alquibla, Cajitán etc...En el Ardal se encuentra una posible presa romana que a través de una serie de canalizaciones abastecía de agua a las termas romanas de Fuente Caputa. Sin embargo los dos yacimientos más importantes son los de Villaricos y La Almagra. El primero, abarca desde la segunda mitad del siglo I. hasta el V d. C., siendo uno de los ejemplos más notables de villae conservados en la Región de Murcia. Con varias dependencias residenciales e industriales, conserva un torcularium o almazara en perfectas condiciones y un complejo termal, permitiéndose el acceso de visitantes. Mención a parte merece el lugar del Cerro de la Almagra, en fase de excavación, una de las mayores ciudades fortificadas del Sureste peninsular en época tardo romana. Visibles son los restos de murallas, edificios y montones de cerámicas. La presencia paleocristiana se constata tempranamente gracias a las urnas funerarias encontradas con motivos bíblicos y la presencia de una basílica rodeada de varios enterramientos. Parece ser que pudo ser la Mula del Tratado de Teodomiro (año 713) y que el abandono del asentamiento se produjo violentamente, ya que una fina capa de cenizas cubre los más modernos sedimentos, posiblemente coincidiendo con la destrucción de Ello y la fundación de Murcia (825-831) Las nuevas necesidades hidráulicas y militares desplazaron la nueva fundación a pocos kilómetros del anterior emplazamiento. Sin embargo las noticias son confusas hasta el siglo XI, y las fuentes parecen señalar que el territorio estaba escasamente poblado. En una cómoda colina protegida de los vientos del norte se encaramó la nueva urbe, que se convirtió en la capital del distrito del noroeste del reino murciano. Su importancia queda señalada por su denominación de Madina por los autores del siglo XII-XIII, aunque Al Idrisi la defina como Hisn, siendo incluida entre las principales poblaciones del reino por Ibn Said al Magribi , Al Watwat y Al Umari en los siglos XIII-XIV, junto con Murcia, Elche, Villena, Alicante, Orihuela y Lorca. Al Qalqasandi llegará a afirmar que las dos ciudades más importantes del territorio eran Mula y Orihuela.
|